TEFAF 2017

TEFAF30

This article was crowdfunded by our readers

Si hay una feria de arte de referencia que conjugue la amplitud cronológica de las piezas expuestas con el nivel más alto y exquisito, desde luego es TEFAF Maastricht, que este año se celebra entre los días 10 y 19 de marzo, sin duda la Feria de Bellas Artes y Antigüedades más importante del mundo.

Estamos hablando de una extraordinaria selección de obras de arte que comprende 7000 años de nuestra historia: del neolítico al siglo XXI, o lo que es lo mismo, desde el crepúsculo de la Edad de Piedra a la Edad del Big Data, del despertar tras 100.000 años de glaciación al cuestionamiento del cambio climático, de la constitución de los espacios hierofánicos en la recién fundada Biblos, en los que la Torá o la Ilíada eran aún impensables, a la globalizada liquidez de la posverdad. Solo hay que tener el dinero suficiente  para permitirse examinar sus 270 expositores y elegir la pieza que más nos convenza entre las 35.000 que pueden observarse. Aunque también se puede pasear y curiosear, en este caso simplemente por  los 40 euros que cuesta la entrada.

El Comité Ejecutivo de la Fundación Europea de Bellas Artes (TEFAF) nunca ha pretendido hacer una feria al uso con una interlocución centrada en vendedores y compradores, sino más bien concitar a todos los agentes que forman parte del ámbito artístico.  También atiende, en este sentido, las relaciones entre mercado, coleccionismo y filantropía, por lo que mantiene con éxito el programa TEFAF Fondo de restauración de museos que persigue, según afirman, fomentar el intercambio de conocimientos entre museos y público general en torno al valor de la conservación del patrimonio. Para ello, desde 2012 cada año destinan hasta 50.000 euros a la conservación de diferentes obras, en función de las solicitudes que pueden presentar las instituciones y museos presentes en la TEFAF. Este año 2017 se concreta con  la restauración y reconstrucción de Absolución (h.1900), una obra nunca vista de Auguste Rodin que pertenece a la colección del francés  Musée Rodin, y la conservación de Judith con la cabeza de Holofernes (h.1570), una de las versiones que Tiziano realizó sobre la historia de los deuterocanónicos que tanto ha dado de sí (recuérdese la cabeza de Stalin de Judith en la Plaza Roja, de Vitaly Komar y  Alexander Melamid), expuesta al público casi constantemente desde que la adquirió el Detroit Institute of Arts en 1938.

Con ocasión de la cita de Maastricht se presenta también el TEFAF Art Market Report 2017, que ha estado a cargo de Rachel A.J. Pownall, responsable de la Cátedra TEFAF en Mercados de Arte en la Escuela de Economía Empresarial de la Universidad de Maastricht. Según este análisis sobre el mercado en 2017, las ventas mundiales de arte alcanzaron los 45.000 millones de dólares en 2016, un aumento de casi un 1,7% en comparación con 2015. Aunque a algunos pudiera sorprenderles, el continente con mayor volumen de negocio ha sido de nuevo Europa, con unas ventas superiores a los 20.500 millones de dólares, seguido por América (14.500 millones de dólares) y Asia (casi 10.000 millones de dólares). El avance del informe destaca la caída de ventas en el mercado de subastas (16.900 millones de dólares), un 18,8% menos que en la cifra de 2015 (20.800 millones de dólares), con una bajada muy significativa en Estados Unidos, donde el valor de las ventas subastadas cayó un 41%, quizá un adelanto de lo que en un futuro pueda acontecer en Europa, que ha sufrido una bajada del 13%.

Entre las causas que explican el aumento de volumen económico a la vez que el descenso de las ventas en subastas alguna es muy clara: el mercado se está inclinando a las operaciones privadas (actualmente suponen un 70% del total), donde se mantiene y garantiza la confidencialidad y el anonimato, frente a las nuevas políticas de publicidad que están comenzando a adoptar algunas casas de subastas. Al margen del debate abierto sobre si se debe consentir la  hasta ahora habitual opacidad en las transacciones de obras de arte, no olvidemos tampoco que en ocasiones supone un equilibrio entre mercados secundarios y primarios. Al fin y al cabo, el valor de una obra de arte no es cuantificable, y su precio exacto no es otro que aquel que se esté dispuesto a pagar por él. Desde luego, si las subastas suponen nada más que un 30% de las ventas, no deben ser un buen criterio para adivinar cuál es el precio más apropiado para una obra.

 


Independent art journalism needs your support

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *