Hispanic Society: de Nueva York a Madrid

Mapamundi. Juan Vespucci. Sevilla. Manuscrito sobre pergamino, 85 cm x 262 cm. h. 1526. Nueva York, The Hispanic Society of America

Tesoros de la Hispanic Society of America. Visiones del mundo hispánico, podrá verse en El Prado hasta septiembre de este año.

Han pasado ya más de cien años desde la fundación de la Hispanic Society, un centenario que se ha querido ver como oportuno para llevar a cabo una reforma del museo que obliga a cerrar sus salas desde el pasado mes de enero hasta la mitad de 2019, ocasión afortunadamente prevista para posibilitar la muestra del Prado.

Algunas de las obras de la Hispanic Society ya habían visitado antes las pinacotecas españolas. Hace algunos años fue especialmente sonada la exposición Sorolla: visión de España. Colección de la Hispanic Society of America, promovida por la ya extinta Bancaja. Unos meses después de la apertura de la institución neoyorquina, Archer M. Huntington conoció la obra de Sorolla en la Grafton Gallery de Londres: en solo dos años adquirió obra del pintor español, organizó una exposición  y, en 1910, le encargó que pintara para la Hispanic Society los grandes murales que hoy conocemos y que el valenciano nunca llegó a ver expuestos por motivos de salud.

En esta ocasión estamos ante algo distinto: la síntesis del espíritu completo de la Hispanic Society, por lo que podemos contemplar una medida selección de sus fondos artísticos. Son cerca de 200 obras que ofrecen, por un lado, piezas arqueológicas, joyas y artes decorativas, y, por otro, una copiosa selección de la pintura española fundamental del siglo XIX y los comienzos del XX, incluyendo a Joaquín Sorolla, Ignacio Zuloaga, Santiago Rusiñol, Ermenegildo Anglada-Camarasa e Isidre Nonell. Completando el discurso general, también han viajado a España otras obras como las de Miguel Alcañiz, Luis de Morales, El Greco, Velázquez o Goya, además de una significativa presencia de obras coloniales. Desde el punto de vista documental, entre los manuscritos que conserva la institución hallamos textos de Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo o Sor Juana Inés de la Cruz, entre otros muchos, que se suman a multitud de volúmenes, como diversos cancioneros medievales o el único ejemplar que se conserva de la primera edición de La Celestina. Ha sido, por esta razón, un acierto que la exposición Visiones del mundo hispánico. Tesoros de la Hispanic Society museo y biblioteca haya concedido al legado documental su merecido protagonismo. De esta manera, el Museo del Prado permite contemplar ejemplares tales como el Libro de horas negras de María de Castilla (reina de Aragón), obra inacabada cuya ornamentación en lengua vernácula refleja el acercamiento castellano al arte flamenco. También está, entre otros, el manuscrito autógrafo que Carlos V escribió a su hijo, el futuro Felipe II, instruyéndole sobre cómo ser un buen monarca, cuando con quince años quedó como regente mientras su padre abandonaba España para luchar contra los franceses. Este manuscrito lo adquirió Archer M. Huntington en 1908 para la Hispanic Society.

Archer Milton Huntington (1870-1955) heredó una copiosa fortuna de su padre, Collis Potter Huntington (1821-1900), constructor del Ferrocarril del Pacífico Central y propietario de los astilleros Newport News Shipbuilding & Drydock Companies,  posiblemente uno de los hombres más ricos de Norteamérica en ese momento. Resulta llamativa la temprana inclinación de Archer M. Huntington por las humanidades y el coleccionismo: sin duda la influencia de su madre resultó determinante. Arabella Duval Yarrington Worsham conformó una de las colecciones de arte más importantes de comienzos del siglo XX, con especial incidencia en la pintura flamenca, las artes decorativas francesas del siglo XVIII y los retratistas ingleses de la misma centuria, un conjunto que tras su muerte fue donado en su mayoría a diversas instituciones, como el Metropolitan Museum of Art de  Nueva York.

Lo cierto es que, desde una edad llamativamente temprana, Archer M. Huntington sintió un fuerte interés por el estudio de la cultura hispánica que dio como fruto, en 1904, la creación de la Hispanic Society, con una extraordinaria colección de documentos, literatura y artes sobre España, Portugal, Latinoamérica y Filipinas, que abrió sus puertas al público en 1908. En ningún momento se trata de un simple acopio, sino de un erudito ejercicio de coleccionismo con afán enciclopédico aparejado, desde el comienzo, a la reflexión y producción científicas, de ahí la intensa actividad bibliográfica de la que disfrutó desde los orígenes.

Me gustaría interpretar esta exposición como un gesto del director de la institución neoyorquina, Mitchell Codding, en pos de los nuevos rumbos que se esperan de la Hispanic Society, a la que en los últimos tiempos se le achacó falta de dinamismo. Sin duda, una exposición con fondos del Prado para inaugurar sus remozados espacios en 2019 sería muy oportuna.

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