FEMMES EN PLURAL

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El color es una propiedad física de la luz, el gusto es enigmático, yo soy Miss beige y los estereotipos, efectos especiales con los que convivimos sin decir ni mu. En nuestro día a día, aceptamos la más engañosa perfección, y no estoy hablando de mí, y no solo la toleramos sino que nos ponemos en pie para ovacionarla y rascamos nuestros bolsillos para consumirla. Quizás andamos muy ocupados en nuestros quehaceres cotidianos o quizás se haya vendido la moto de que “haciéndonos las rubias” estamos más monas. Yo me hago la beige.

Hoy en día existen 3650 millones de mujeres en el mundo. En la publicidad, las mujeres, EN PLURAL, brillan por su ausencia. ¡Qué ultraje! Esta realidad, vox populi, repite más que el melón por la noche pero el no hacer una buena ingestión y digestión deja unas atroces secuelas en nuestra ética, estética y esófago. Y si no recordad lo pesaditas que se ponían las madres con la bendita digestión cuando íbamos a la piscina. (Ay, las dos horitas no nos las quitaba nadie). Ellas ya picotearon algo pero el pastel con guinda nos lo estamos comiendo nosotras solitas. Y a nadie le gustan las guindas. Por menesteres como este, o afines al mismo, una gran parte de la población ha adquirido el extraño hábito de quitarle la guinda al pastel antes de su ingestión. Y no por el sirope, precisamente. Sigamos.

Ya es hora de actualizar no solo la R.A E sino de renovar actitudes y hacer eco de las minorías (¿hola?) Pero, no hay tu tía, erre con erre con los éxitos del verano. Cara A, fabulas impregnadas de testosterona: “Erase una vez una princesa en lo alto de la torre que….” que no, leches, que no queremos torre (demasiadas escaleras.) Y cara B donde ubican a las peligrosas: las mujeres que se rebelan, a las que se las tacha de feministas, como si fuera algo de lo que avergonzarse. Bueno, vergüenza sí que me da que todavía estemos así. ¡Abajo la falocracia! ¡Arriba el beige! El ser femenina lo elijo yo sin que el varón me imponga unos ideales que lejos de ser verosímiles son ri-di-culos. Penélope Cruz solo hay una. ¿Penélopes? Muchas. Desde la paciente heroína de la Odisea hasta mi panadera. Y todas lo valen por sí mismas sin efectos escurridizos que desaparecen tras diez lavados. Así que salgamos de este círculo vicioso, que no del vicio dicho quede de paso, y empecemos a respetar y valorar la belleza sin cánones, que bastante tenemos todos y todas los domingos por la tarde con las instrucciones del ikea. Que NO, que no queremos ser LA mujer perfecta, LA pareja perfecta, La madre perfecta, en definitiva, La Samotracia con alas de Red Bull. Quita, quita que a mí me deja revuelta.

Seguiremos en la lucha aunque para ello me tenga que poner la torre Eiffel por montera. ¡Vive les femmes!

Miss Beige-2017

Epílogo: La foto de la derecha no está retocada


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