Eduardo Arroyo: fotografías a la pata coja

Colección Eduardo Arroyo

Esta exposición que se podrá ver hasta el próximo 27 de agosto forma parte de la sección oficial del 20 Aniversario del Festival PHotoEspaña y presenta por primera vez en el Museo Lázaro Galdiano una selección de la colección de fotografías de este “pintor, escultor, grabador, decorador, ceramista y escritor” halladas en mercadillos y rastros, en las que todos los personajes retratados aparecen con un pie en el aire.

Eduardo Arroyo siempre ha unido a su faceta de artista y escritor la capacidad por detenerse en anécdotas, personajes o imágenes que esconden una gran profundidad desapercibida para la mayoría. Esta razón es suficiente para despertar nuestro interés en esta exposición, gracias a la que tenemos conocimiento de esta colección que ha realizado a lo largo de su vida y de la que ahora podemos contemplar más de 100 de estas piezas.

Siempre me han interesado las colecciones que forjan los propios artistas, tanto de sus propias obras, aquellas de las que nunca se quisieron deshacer, como de las de otros. El sentido de una colección para un creador es distinto que para quien simplemente contempla su acopio extasiándose ante la belleza de lo atesorado a lo largo del tiempo. Quiero creer que en la elección de cada pieza coleccionada hay una conexión con la propia creación, ya sea anterior o simplemente futurible. De este interés nació hace años un proyecto en forma de diversas exposiciones para el que me apropié del título del libro de Vicente Antonio de Lastanosa (Habitación de las musas, recreo de los doctos, asilo de los virtuosos) y de la que surgió por ejemplo Crowds, de Juan Genovés. Para la mirada global que pretende atender al diálogo del artista con el resto del universo estético el descubrimiento de ese espacio privado en el que el creador atesora las obras que su voluntad quiso que le acompañasen para siempre, supone una elocuente clave interpretativa. El artista tanto aprovecha como busca temas, conceptos, procedimientos… su mirada es la mirada del Hacedor, y el criterio del creador sustenta su voluntad de acopio.

El Museo Lázaro Galdiano, que es la pinacoteca en torno a una colección, pero que además es un museo del coleccionismo, es un lugar óptimo para esta muestra titulada A la pata coja. Colección de Eduardo Arroyo. La exposición ha sido comisariada por el propio artista y coleccionista junto a Fabienne di Rocco, usual colaborador de Arroyo, relación profesional ya dio proyectos como La oficina de San Jerónimo, un interesantísimo volumen que explora las relaciones entre la pintura y la literatura.

Los comisarios explican que de las imágenes seleccionadas para esta muestra, que se enmarca dentro del 20 aniversario de  PHotoEspaña, emana una melancolía que nos lleva a compartir la mirada de Susan  Sontag, quien consideraba cada foto como un memento mori. Todas ellas responden a la relevancia estética que les confiere el artista y han sido halladas en rastros y mercadillos, como el de las Pulgas de París, escenarios cotidianos que recorre Eduardo Arroyo.

Los retratados aparecen con un pie en el aire, y agrupadas sin orden cronológico, constituyen también “un homenaje a la fotografía en equilibrio, a la fotografía con riesgos”. El conjunto, casi 100 instantáneas, es considerable, con una clara preferencia por el blanco y negro o por el color sepia. Se muestran también varios miles de clichés de todos los géneros y todas las épocas; un conjunto -imágenes y negativos- realizados por fotógrafos profesionales famosos, como Ramón Masats, Cano, Gyenes o los Hermanos Mayo, fotógrafos de agencias de prensa, de estudios fotográficos, pero también por autores desconocidos, no identificados, anónimos. Por esta razón, afirman ambos, se lleva a cabo también “un homenaje a algunos fotógrafos anónimos, a unos que tuvieron la suerte de ser reconocidos en vida y a otros redescubiertos después de su muerte”.

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