ArtMarbella crece en su oferta

Art Marbella 2017_Galeria Max Estrella

La  tercera  celebración  de  Art  Marbella,  que  abre sus  puertas  del  28  de  julio  al  2  de  agosto, se consolida en esta edición ofreciendo una interesante selección de obras de la mano de galerías nacionales e internacionales.

Conocí la feria Art Marbella en su primera edición, hace dos años, en lo que era fundamentalmente una declaración de intenciones. Marbella suele ser una no ciudad, una curiosa configuración de la heterotopía que leímos a Foucault, un archipiélago de islas inconexas en la que algunos de los ostentosos barcos que se contemplan en Puerto Banús conviven con pecios que se esfuerzan en aparentar su perdido esplendor en los jardines de urbanizaciones que en otoño se tornan fantasmagóricas, donde los fuegos artificiales se sustituyen por una fina lluvia amarilla. Marbella es una ciudad que persiste frente a su reciente historia, que se defiende por verse como era en aquel espejo ahora lejano y picado en el que, entonces bruñéndose, se miró Jean Cocteau al declarar la ciudad como el último paraíso en la tierra, su cordón umbilical con la vida. En esa ocasión encontré en Art Marbella un ambiente de celebración, en el que la voluntad de los organizadores se aunaba con los deseos de una ciudad huérfana de proyectos culturales. Sobre esta cuestión, sólo hay que recordar que las visitas a museos del programa de la feria se dirigen a Málaga, pues en Marbella el único centro de arte que existe es el del Grabado Español Contemporáneo –pura sombra ya-, que para vergüenza de todos quienes han venido después, fue creado por un gobierno de GIL, aquél personaje proléptico de todo lo que vendría en los años siguientes y que muchos quieren encerrar ahora en el localismo de la costa frente a África, cuando en realidad era la estrella del prime time de la televisión nacional.

La valoración final, según me contaron algunos galeristas, fue positiva; aunque lo que pude observar directamente, caminando pasillos, fue el triunfo de adquisiciones medias, centradas sobre todo en la gráfica, acompañadas de alguna operación importante cerrada de antemano. Un éxito entonces desde luego, teniendo en cuenta el riesgo que supone organizar una feria de arte en la ciudad en la que está todo el mundo pero todos buscan desaparecer, o bien ejercen una acción de violencia turística ejemplificando en pocos kilómetros el desarrollo teórico que llevó a cabo Yves Michaud.  Tras perdérmela el año pasado, la inauguración de su tercera edición me ha permitido contemplar su evolución y gracias a este contraste he comprobado un esfuerzo con resultado positivo que sin duda puede ayudar a que esta cita sea la de su consolidación. La mayor afluencia de galerías ha obligado a un rediseño del espacio, del que se han encargado los arquitectos del Estudio Herreros (que se ocupó de ARCO en 2008 y 2009) y que ofrece ni más ni menos que las posibilidades que el recinto permite, sacrificando la zona vip, que por cierto era uno de los éxitos de la feria al permitir la comodidad de ciertos foros y que muchos han echado de menos este año.

 

Entre los espacios que se han sumado este 2017 están Lieven De Buck Fine Art, Cayón, Pilar Serra o Joan Prats, junto a otras que repiten como Max Estrella o CarrerasMugica. Conviven éstas con varias internacionales, aunque también con algunas locales y otras algo variopintas, que deberían ir depurándose en futuras ediciones. De las apuestas de Max Estrella me quedo con Eugenio Ampudia y Bernardí Roig. Del primero se presentan algunas obras recientes, de este mismo año, que vimos por ejemplo en la pasada edición de ARCO, como la instalación Paisaje móvil, junto a otras como el proyecto Dibujos encapsulados o la también instalación Plaga (cucarachas), cuyos insectos ha realizado el artista en los últimos años a partir de invitaciones de exposiciones que iba recibiendo, a las que ha sumado las producidas en los talleres de cucarachas que desarrolló en Monterrey, Oaxaca y DF con invitaciones de muestras mexicanas. De Bernardí Roig las obras traídas a Marbella son de pequeño formato, permitiendo que sus hombres blancos pueblen la casa de cualquier coleccionista, una adopción muy pertinente en la inquietante familiaridad del terror sobre la que disertó Baudrillard.
Hay también otros nombres españoles, muchos de ellos presentes en todas las ferias (Joan Miró, Antoni Tàpies, Eduardo Chillida, Pablo Palazuelo), un muy acertado Ràfols Casamada, además de Oteiza, Manolo Valdés, Luis Gordillo, Susana Talayero, Jaume Plensa o Ignacio Llamas.
En la galería De Buck destacan, ocultando un pequeño Jeff Koons, dos obras magníficas de Juan Garaizábal en las que ofrece su poética de la memoria a través de estas dos piezas que expanden la noción de ausencia ontológica que defendió Rosalind Krauss, a caballo entre la arquitectura y el paisaje. A pocos metros, muy reseñable es la selección de Miquel Navarro, especialmente su extraordinario Retablo en aluminio, que cuelga la Galería Shiras.

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