Arte y Pandemia, una Revisión Histórica

Bruegel el viejo

A lo largo de la historia, el arte ha evidenciado lo frágil de la existencia humana. Esa cíclica existencia. En tiempo de coronavirus, recuerdos de epidemias que asolaron a la humanidad regresan y, con ellas, sus representaciones artísticas.  El arte refleja su tiempo, observándolo se aprende del pasado, al que hay que referirse indudablemente, sin nostalgia, para no cometer los mismos errores.

Imagen Portada: El Triunfo de la Muerte, Pieter Brueghel el Viejo, 1562

La imaginación y la experiencia del mal

Hay estados anímicos, como el miedo, que activan la imaginación de manera automática. Ahora contamos con la ciencia, pero durante siglos solo existía la imaginación poética para transformar la fuerza inhumana en un símbolo humano que pudiéramos asimilar. De los resortes de la imaginación humana surgieron todas las imágenes que resumen la experiencia del mal, empezando por la de Satanás, la más sintética de todas, pero también las imágenes de criaturas aterradoras que se originan en la oscuridad o en la tinieblas, como vampiros, fantasmas o incluso extraterrestres.

La enfermedad como castigo divino. La peste negra en la Baja Edad Media

Si una enfermedad infecciosa influyó de manera decisiva en la evolución económica y cultural de Europa fue sin duda la peste negra, se trata de una zoonosis transmitida por la pulga de la rata. Pudo haber hecho su primera incursión en Europa entre los siglos VI y VIII. La dispersión de la población tras la caída del Imperio Romano frenó la epidemia, pero con el resurgimiento urbano de la Baja Edad Media, la peste negra se paseó por toda Europa. Se calcula que la epidemia que asoló Europa en el siglo XIV causó en solo 6 años la muerte a la mitad de su población.

La Peste de Asdod (1631) de Nicolás Poussin, aunque representa una de las ciudades filisteas asoladas por la peste enviada por Yahveh en castigo por el robo del Arca de la Alianza, el cuadro refleja con dramatismo una ciudad afectada por una de estas plagas de la antigüedad. En un primer término, se observa el cadáver de la mujer con la lesión más típica de la enfermedad: el bubón o abultamiento en la base inferior del cuello. Además en la parte inferior de la columna está la rata negra que es la responsable de la dispersión de la enfermedad debido a la pulga que la parasita. El resto de la escena está impregnada del sufrimiento de la población impotente ante los estragos que produce la epidemia.

La Peste de Asdod, Nicolás Poussin, 1631

La peste se hizo visible mediante imágenes de esqueletos que se erguían triunfantes, a caballo o en una carreta, por el campo o las ciudades y guadaña en mano sobre las hordas de mortales condenados. Una de las representaciones más famosa fue El Triunfo de la Muerte de Pieter Bruegel el Viejo en el siglo XVI. Muchas obras de la época plasmaban el arquetipo de la mortandad desbocada, pero ninguna revelaba el aterrador dinamismo de la muerte como la de Bruegel. En su cuadro, un ejército de agentes malévolos cae sobre una villa llevándose por delante, por igual, al rey y al labriego, al blanco y al negro, al que se resigna y al que se resiste. No hay escapatoria. La obra tiene sin embargo un claro carácter moralizante: la condena es un castigo por el mundano olvido de Dios.

Existen pocas representaciones pictóricas de este estado terminal de la peste, dado que se prefería la representación alegórica de la muerte y la devastación causada. Como ejemplo de esta segunda La Plaza del Mercado de Nápoles Durante la Peste de Domenico Gargiulo.

La Plaza del Mercado de Nápoles Durante la Peste, Domenico Gargiulo, 1657

Una representación alegóricas de la epidemia aparece en la obra La peste del simbolista Arnold Böcklin, donde la enfermedad está representada por la propia personificación de la muerte que sostiene una guadaña cabalgando sobre un monstruo.

La Peste, Arnold Böcklin, 1898

La imagen de la muerte reinando sobre la humanidad vuelve a aparecer en cuadros del belga James Ensor.

Los médicos de la época, sabedores de la fácil transmisión de la plaga, pusieron en marcha las primeras medidas de control de epidemias, como aislamiento —nos suena de algo, ¿no?—, o el traslado de cadáveres extramuros de la ciudad, representado en el año 1464 en la Madonna de la Misericordia, de Benedetto Bonfigli.

La peste tuvo también efectos sociales afectando a las ideas sobre la transmisión de las enfermedades, por ello se procedía ala quema de vestimentas, o el establecimiento de la cuarentena debido al período de incubación. Por ello se diseñaron los primeros trajes de protección para atender a los enfermos apestados. Una ilustración de Paulus Fürst, del año 1656, muestra uno de estos ropajes diseñados durante la epidemia de Marsella por el médico del Rey Luis XIII. La máscara en forma de pico de ave contenía en su interior perfumes, a modo de filtro contra la fetidez que emanaba de los apestados.También se recomedaba fumar tabaco a fin de protegerse. El médico de apestados llevaba en la mano un bastón blanco, obligatorio, según las disposiciones sanitarias, para las personas que tenían contacto con los infectados.

Atuendo de Medico, Paulus Fürst, 1656

Ergotismo en la Alta Edad Media

Otra de las grandes epidemias de la Edad Media es el ergotismo, o intoxicación causada por el hongo llamado cornezuelo del centeno, que crecía en el pan corrompido. También se conocía como “peste de fuego” o “mal de los ardientes”. La muerte era atroz, ya que los enfermos sufrían graves y dolorosas llagas en brazos, piernas y pies, padecían de altas fiebres y morían en medio de alucinaciones terroríficas.

En el siglo X se fundó la orden de los Antonianos con el propósito de asistir y curar a los enfermos del mal de los ardientes, y se fundaron gran cantidad de conventos de la orden por toda Europa. De acuerdo con la tradición, San Antonio, anacoreta del siglo IV, tenía el poder de curar el mal de los ardientes. En el convento de Isenheim (Alsacia) se encargó al pintor alemán Matthias Grünewald un retablo sanador para el altar de la capilla del hospital. Finalizado en 1516, Grünewald pintó a un Cristo lacerado por los estragos del mal de los ardientes para el Retablo de IsenheimComo los leprosos, las víctimas de este “fuego del infierno” eran rechazadas, y la manera que encontró Grünewald para empatizar con ellas fue haciendo padecer a Cristo una dolencia similar. Tanto en el panel central como en la predela se encuentran claramente alusiones a la desesperación y las tinieblas, y también a la vida de los enfermos de peste. El mensaje a los enfermos era que sus sufrimientos repetían los del martirio de Cristo u otros santos, pruebas que debían pasar para su propia redención.

Retablo de Isenheim, Matthias Grünewald, 1516

Los Lisiados (1568) de Pieter Bruegel el Viejo es considerada por algunos autores como ejemplo de las graves mutilaciones causadas por la lepra. Sin embargo, la ausencia de lesiones cutáneas y las expresiones faciales aturdidas sugieren que representan a afectados por el ergotismo y puede justificar las colas de zorro obligatorias para estos enfermos en el cuadro de Brueghel.

Los Lisiados, Pieter Brueghel el Viejo, 1568

Como otras muchas enfermedades de la Edad Media el ergotismo se consideraba un castigo divino y muchos enfermos de la Centro Europa iniciaban el Camino de Santiago como forma de redimirse y conseguir la curación. A medida que los peregrinos penetraban en España y cambiaban el pan de centeno por pan de trigo, libre de la toxina, los síntomas mejoraban. Muchos peregrinos atribuían su mejora a la intercesión de Santiago Apóstol, contribuyendo al desarrollo del Camino Francés y la difusión del Románico y el Gótico en España.

Tuberculosis en el siglo XIX

La tuberculosis es una infección bacteriana causada por un gérmen llamado Mycobacterium tuberculosis. La bacteria suele atacar los pulmones, pero puede también dañar otras partes del cuerpo, se disemina a través del aire, cuando una persona infectada tose, estornuda o habla. Por ello los tuberculosos también eran apartados y estigmatizados.

Durante la epidemia de tuberculosis del siglo XIX se generó toda una moda en la que el aspecto lánguido, la melancolía y la sumisión al destino inundaron la sociedad y el arte y que contribuyó al desarrollo del movimiento Romántico en la pintura, la literatura y la música.

Izquierda: Retrato de Chopin, Christian Delacroix, 1838. Derecha: Autorretrato, Amadeo Modigliani, 1919

Muchos de los grandes artistas de la época padecieron o murieron de tuberculosis y así un pintor tísico, Delacroix, reflejó el aspecto enfermizo y triste de un músico también tísico, Chopin. Un autorretrato de Modigliani muestra los rasgos típicos del tuberculoso como la extremada palidez y la mirada triste y melancólica. También el pintor noruego Edvard Munch reflejó en su obra La Niña Enferma, el delicado y demacrado estado de su hermana, enferma de tuberculosis, poco antes de su muerte.

La Niña Enferma, Edvard Munch, 1885–86

La Gripe Española tras la Primera Guerra Mundial

Entre los años 1918 y 1919, se produjo la epidemia de gripe más grave que se ha conocido, estimándose en cerca de 40 millones las personas muertas a causa de la pandemia y se considera ejemplo de las llamadas crisis de mortalidad​. La enfermedad viríca se propagó rápidamente por todo el mundo gracias a las movilizaciones militares de la Primera Guerra Mundial. España fue uno de los países más afectados con millones de muertos y recibió el nombre de gripe española porque la pandemia ocupó una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que no estaba involucrada en la guerra y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad.

Edvard Munch pinta en 1919, Autorretrato Después de la Gripe Española donde nos muestra la imagen del artista convaleciente después de padecer dicha gripe.

Autorretrato Después de la Gripe Española, Edvard Munch, 1919

El SIDA en el Siglo XX

En los años ochenta y noventa del siglo XX, otra plaga comenzó a diezmar a la población homosexual. Surgía la epidemia del SIDA, un mal desconocido y aterrador que proliferó en medio del conservadurismo de la era Reagan, y que supuso, con su delgadez mórbida, un nuevo estigma para una comunidad ya discriminada. En esta ocasión el arte volvió a expresar y a hacer visible el drama de los enfermos.

Keith Haring con sus icónicas figuras que se tapaban los ojos, los oídos y la boca, acompañadas de los mensajes “ignorancia = miedo” y “silencio = muerte”, trató de llamar la atención sobre esta pandemia.

Otro artista que llevó a cabo un pulso tanto personal como artístico con la enfermedad, fue Félix González-Torres. Orgullosamente gay y puertorriqueño, exiliado y nostálgico, activista y amante, cubano y neoyorquino, vanguardista y frívolo, abanderado contra cualquier tipo de discriminación y adalid de la diferencia. González-Torres fue un gran activista para la comunidad gay y utilizó su arte como canal para reflexionar y educar a la gente sobre el SIDA. Desgraciadamente, Félix mismo fue víctima de la enfermedad, así como su pareja sentimental, Ross Laycock, a quién dedicó muchas de sus obras.

Una de las obras que hablan sobre la el amor, la muerte y la enfermedad es Ross in LA, una representación alegórica de su novio en forma de instalación escultórica formada por una montaña de caramelos apilados en una esquina que pesan unos 79 kilos y corresponden el peso ideal de Ross. Los espectadores son alentados a tomar un caramelo en su visita, logrando una especie de comunión con Ross. Conforme los caramelos van desapareciendo, el peso de la pieza va disminuyendo, similar a la perdida de peso que sufren los enfermos de SIDA en estado terminal.

Ross in Los Angeles, Félix González-Torres, 1991

Otra obra de alto simbolismo es Untitled (Perfect Lovers) concebida poco después de que Ross fuese diagnosticado con SIDA. Se trata de dos relojes de pared idénticos configurados al mismo tiempo y alimentados por pilas que eventualmente se desincronizarán o se detenedrán emulando la finitud de las vidas de Felix y su compañero, quien moriría unos años antes que él.

Untitled (Perfect Lovers), Félix González-Torres, 1991

Pero la imagen que humanizó el problema del virus del SIDA fue la fotografía que le tomó Therese Frare al activista David Kirby en en su lecho de muerte en 1990. En esta quasi-pietà contemporánea, Kirbyen aparece con la mirada perdida y casi exánime, recibiendo el incondicional afecto de su familia.

Retrato del Activista David Kirby y Familia, Therese Frare, 1990

En una jugada muy típica de los noventa, cuando el shock estético y el escándalo autopromocional estaban a la orden del día, Oliviero Toscani usó esa foto para una de sus campañas de Benetton. Aunque ofendió a muchos, la familia de Kirby apoyó la iniciativa, esperando que la controversia pusiera el VIH en el centro del debate público y así fue.

Más recientemente, el artista mallorquín con base en Barcelona, Joan Morey con su performance Tour de Force traza de forma poética varios recorridos por la breve historia del SIDA, desde la aparición de la enfermedad y su conversión en pandemia hasta las parafilias generadas en torno a la transmisión y difusión del VIH, el virus que la provoca. Tour de Force pone en tela de juicio la consideración del VIH/SIDA en el ámbito social, y desvela cómo la enfermedad pone en marcha la recuperación de viejos mecanismos de control sobre el cuerpo, el deseo y la sexualidad que establecen un ir y venir del individuo moderno al contemporáneo. La performance tiene la intención de desplegar aspectos relacionados con el virus o la enfermedad que van desde la estigmatización y el aislamiento de las personas afectadas por hasta la posible indetectabilidad del virus gracias a la investigación clínica actual.

Tour de Force, el Virus, Joan Morey, 2017

Femicidios como plaga

Hasta muy poco, la única plaga que parecía resistirse era la del machismo violento, el abuso a la mujer, la violación, el feminicidio. Efectivamente Roberto Bolaño en su novela dedicada a los femicidios en México, 2666, trata esta violencia como una peste, como la expresión de un mal que corrompía el ambiente y tiraba cuerpos de mujeres violadas y asesinadas en los basureros.

La artista mexicana afincada en Madrid Teresa Margolles, es una de las que da visibilidad a los feminicidios y homicidios que suceden en Mexico a través de su trabajo directo, crudo, fuerte y radical. Las obras de Teresa recopilan piezas de los asesinatos, recoge ropa y objetos que hayan estado o hayan sido parte del crimen para después exponerlos en sus instalaciones junto con fotografías, videos y performances. En 2008 realizó una exposición dedicada a Ciudad Juárez con una instalación sonora con audios grabados en los lugares donde varias mujeres fueron asesinadas. Muro Baleado, expuesto entre otros muchos lugares en la Bienal de Arte de Venecia de 2019, esta compuesto por ladrillos reales con los agujeros de bala también reales. Y es que esta pared que Margolles trasladó la exposición, fue testigo de una de esas escena violentas, un asesinato en Culiacán motivado por el narcotráfico.

Muro Baleado, Teresa Margolles, 2009

Lorena Wolffer, otra mexicana, usa la performance y el cuerpo, la reapropiación de su cuerpo (tantas veces cosificado en el arte) como una plataforma disidente y empoderada para denunciar. El cuerpo de Wolffer nos muestra los cuerpos de otras muchas mujeres, cuerpos colonizados, agredidos, explotados, asesinados por el patriarcado y el capitalismo revelan la barbarie del feminicidio, sus complicidades y sus silencios. Mientras Dormíamos: el Caso Juárez, de modo sutil y sin mostrar la violencia, aborda el feminicidio con un enfoque triádico: las mujeres asesinadas, los asesinos y el público son apelados mediante marcas en su cuerpo realizadas con un rotulador. Su proyecto más reciente Expuestas: Registros Públicosaborda la violencia de género desde acciones de calle, investigación–acción participativa e instalaciones.

Mientras Dormíamos: el Caso Juárez, Lorena Wolffer, 2002-2005

También mexicana es la artista Elina Chauvet, quién con sus rastros de zapatos rojos expuestos en el espacio público denuncia las muertes de mujeres por violencia degénero. Zapatos Rojos es un proyecto que lleva más de diez años rotando por el mundo, la instalación deja de ser de su autora para convertirse en una expresión colectiva. Primero convoca las donaciones de zapatos. Después, hay talleres donde se habla de feminicidios y desaparición. Luego los propios voluntarios pintan el calzado en el lugar donde se realizará la instalación.

Elina Chauvet, Zapatos Rojos, vista de la instalación en Santiago de Chile en 2018

La violencia de género parecía ser el tema el más urgente, el que concentraba buena parte del activismo artístico contemporáneo hasta que un virus desconocido denominado COVID-19 (Corona Virus Disease 2019) saltó de una especie exótica al ser humano y la conversación pública cambió por completo.

Viral viene de virus

A ver si se nos ocurre otra manera de decir ‘se ha hecho viral, ya no mola’“, dice el mensaje de mi amigo Massimo. En el campo de la medicina, una infección viral es provocada por un virus. Un virus tiene la capacidad de multiplicarse con gran rapidez en el interior del organismo. Esta propiedad de los virus hace que el concepto de viral se emplee en sentido simbólico para denominar a aquello que se propaga con mucha velocidad y de modo exponencial. De ahí el uso de viral en  Internet.

Viral en Internet

Hasta hace un par de meses la palabra “viral” era usada para describir el fenómeno por el que un contenido se difunde de manera masiva y global, gracias a Internet y a las redes sociales. Memes, bailes, consejos o discursos se transmiten a través de canales como Youtube, Instagram etc… donde son los millones de usuarios con sus visionados, likes, o seguimientos los que propagan dichos contenidos. Evidentemente la imparable máquina del mundo de los negocios se hace eco de ello, y la industria de la publicidad y el marketing suelen apelar a “técnicas virales” para multiplicar el alcance de sus negocios. En los últimos tiempos hemos sido de testigos de como influencers, youtubers, instragramers y demás han subido al Olimpo de la fama y el dinero. En el mundo del arte, los videos virales son más discretos, lejos de los millones de visualizaciones, pero haberlos haylos. Abajo Rolling The Beats (2011), compuesto por 24 videos mezclados en directo, de Ithaca Studio, Londres con más de 120.000 visualizaciones.

Presente: Pandemia Mundial, COVID-19

Volvió el recuerdo reprimido de la epidemia y con él la insufrible evidencia de la fragilidad humana. Cuando pensabamos que el tolitarismo y otras modalidades políticas nefastas eran todos nuestros males, apareció el virus Covid-19 y aplastó nuestro vínculo imborrable con la naturaleza y la historia. Porque las epidemias siempre han estado con nosotros desde el principio de los tiempos, para aterrorizarnos con la amenaza inminente de la muerte y con ello excitar la fantasía y la creación artística —igual que Brueghel o Grünewald— y así poder y resistir el mal que nos sacude.

Colectivo senegalés RBS CREW pintan murales informativos sobre coronavirus en Dakar, Senegal, 25.03.2020, Foto: Sylvain Cherkaoui

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